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viernes, 11 de enero de 2013

{Serial} Blue Moon - Cap. 3



Blue Moon - Capítulo III


Antes de bajarse del coche sabía perfectamente lo que se iba a encontrar. Lo que en un principio habían parecido desapariciones fortuitas que no se encontraban conectadas entre sí, habían comenzado a formar un patrón en las últimas semanas, justo en el momento en el que comenzaron a aparecer los cuerpos sin vida y con señales que indicaban que se trataba de algún tipo de asesinato ritualizado. “Homicidio”, se recordó a sí mismo y apretó los dientes abriendo la puerta y saliendo. Mientras se acercaba a la zona acordonada reconoció a varias de las personas que se encontraban trabajando. Inclinó la cabeza en varias ocasiones y alzó las bandas para pasar. Lo bueno es que la noticia todavía no había llegado a los medios de comunicación por lo que no tendrían la presión de tener que andar esquivando cámaras y dando explicaciones para algo que no tenía una lógica establecida.

Apartado de la vista, el lugar era bastante raro de encontrar, lo que indicaba que a pesar de haberse deshecho del cadáver en un lugar público y no haberlo enterrado o incinerado, no era de aquellos que buscaban la notoriedad o, al menos, ser descubierto fácilmente. No se había puesto tampoco en contacto con la policía, lo que casi agradecía. No le gustaba lidiar con esos ególatras que buscaban, por todos los medios, saltar a la primera plana del periódico y tener a todo el país en ascuas. No solían existir esa clase de homicidios en Seúl, salvo que se tratara de algún trato sucio entre mafias. Casi tenían más trabajo los que se dedicaban a narcotráfico. La proximidad con el mercado Chino y el resto de los países asiáticos hacía que las mafias estuvieran al orden del día.

—Park.
—Shim.

Saludó con un gesto de cabeza al hombre más joven mientras se ponía  a su lado. El joven que tenía a su lado, con su altura imponente, prometía. Había sido trasladado, precisamente, de narcotráfico y tráfico de armas unos meses atrás. Aunque todavía se encontraba a prueba, lo cierto era que se había sabido adaptar perfectamente y que en esos momentos eran ambos los que llevaban aquel caso por encima del resto del departamento. Inteligente, sagaz y frío, Shim Changmin era un detective ideal, sobre todo por el conocimiento que tenía de las nuevas tecnologías que le convertía en prácticamente un genio buceando en la red. Y en los tiempos en los que vivían eso era fundamental. A pesar de todo, Park Yoochun no se fiaba de él. Había algo en el hombre más joven que lo molestaba terriblemente y no sabía exactamente de qué se trataba. Quizá fuera su capacidad para no inmutarse ni siquiera ante los más terribles escenarios cuando incluso él, después de los años, notaba cómo su estómago se encogía con repugnancia.

—¿Qué es lo que tenemos?
—Sigue el mismo patrón que los anteriores. —el alto moreno se movió ligeramente para avanzar hacia donde la policía científica estaba tomando pruebas.

El tono inquebrantable de la voz del más joven hizo que Yoochun observara durante unos segundos su espalda antes de avanzar con largas zancadas hasta esa zona, deteniéndose antes de llegar puesto que sabía que no podía acercarse más, por el momento, hasta que no terminaran con lo que estaban haciendo si no quería contaminar la escena. Era algo que tenía demasiado metido en la cabeza, quizá porque cuando era un novato que no sabía bien dónde se encontraba situado había hecho precisamente eso y había tenido problemas. Hasta que había recuperado la confianza del equipo de antropólogos forenses había sido un camino arduo. Sus cejas se fruncieron ligeramente al ver algo que no cuadraba.

—Hay dos cuerpos. —dijo entonces mientras observaba las dos telas cubriendo sendos cadáveres. —Eso es nuevo.
—Debe de estar aumentando su ansiedad o lo que sea que haya desencadenando sus crisis se ha vuelto más habitual.
—Hay que reformar el perfil psicológico. —acordó Park mientras fruncía un poco más el ceño. —Tener controladas a dos personas al mismo tiempo, poder acabar con ellas y dejarlas en el mismo lugar no es algo que se haga por una persona débil. Incluso se puede considerar que son en realidad un grupo.
—No hay evidencias para eso último. —el hombre más joven volvió su rostro hacia donde se encontraba el mayor. —Quizá fue en distintos momentos y se deshizo de ellos a la vez.
—Las horas de la muerte, hasta que podamos hacer más pruebas, son alrededor de la una de la mañana. —contestó una voz que hizo que ambos alzaran la mirada, apartándola de la escena que tenían delante de ella para observar a la joven que se encontraba a un par de pasos retirándose los guantes de latex que había estado utilizando mientras trabajaba, guardándolos en el bolsillo del mono de trabajo. —Y la precisión es exactamente la misma que en los anteriores: la caja torácica está prácticamente intacta salvo el hueco por donde ha sacado el corazón.
—Así que es la misma persona que los anteriores.
—Sí, me temo que sí. Además no hace ni un mes de la mujer que apareció un kilómetro hacia el norte. Cada vez es más impaciente.
—Lo que parece un milagro es que no haya llegado todavía a los oídos públicos, salvo el hecho de las desapariciones... —comentó Changmin apartando la mirada de la mujer sin  mostrar más interés. —¿Podemos acercarnos ya?
—Puedes... —respondió la mujer mientras se cruzaba de brazos mirando a Changmin que ignoró por completo su mirada. —... habla con Ah.

Park observó cómo Shim se alejaba para dirigirse hacia donde se encontraba uno de los hombres terminando de recoger el equipo y después se volvió hacia la mujer que tenía a su lado. Era la joven promesa del mundo forense en Seúl, había puesto toda su carrera en juego con aquel caso y llevaban trabajando juntos desde el primer momento. Observó el perfil de la mujer mientras miraba hacia donde se encontraban sus compañeros y negó por un momento. Se la notaba cansada y estaba claro que no había dormido apenas, como solía hacer. Aquella mala costumbre era algo que tenían los dos en común u que paliaban con el café que corría por sus venas en prácticamente la misma cantidad que lo hacía la sangre.

—¿Algo más?
—Sé que el que yo diga que no había visto nunca algo así no tiene mucho mérito, pero... la precisión con la que están hechos los cortes, lo limpiamente que el órgano ha sido extraído... —negó ligeramente y clavó su mirada en la del detective, teniendo que inclinar la cabeza ligeramente hacia atrás producto de la diferencia de alturas. —O es un médico, seguramente antropólogo o forense, o lleva muchos años perfeccionando la técnica de otras formas.
—¿Y no se hubiera dado cuenta alguien?
—No si se ha movido de zona. —un escalofrío la recorrió y se abrazó a sí misma, el viento fresco se había levantado trayendo la humedad del río y haciendo que de repente tuviera más frío de lo normal. —Es todo demasiado limpio, demasiado perfecto...
—Sé a lo que te refieres. —el hombre negó brevemente mientras la observaba y apretó los labios por un momento. En ese momento echaba en falta haber dejado de fumar. —Fue lo primero que pensé y estuve buceando por las bases de datos estatales, no había absolutamente nada. Sea quien sea es muy bueno limpiando sus pasos.
—Lo es, como siempre no hay absolutamente nada de dónde han estado los cuerpos antes de llegar aquí.
—¿Hombres y mujeres?
—Uno de cada...
—Ni siquiera tiene una posible víctima clara, no hay preferencias, no hay nada que nos permita hacer un maldito perfil más claro. —y eso era algo que lo estaba volviendo completamente loco. Estaba cansado, agotado y cabreado a partes iguales. Sintió el delicado toque en su hombro y bajó la mirada hacia la mujer que se encontraba silenciosa a su lado, asintiendo por un momento. —Nos vemos más tarde.

Se dirigió entonces hacia donde se encontraba Shim hablando con el otro hombre, pero en el último momento desvió sus pasos dirigiéndose hacia una de las telas para retirarla. Mujer joven, de apenas veinte años, excesivamente maquillada, lo que quedaba de ropa mostraba más que insinuaba y todavía se notaba la peste a alcohol. Prostituta. Negó brevemente para después hacer un mismo gesto con el siguiente cuerpo. Hombre de mediana edad, seguramente rondando los cincuenta, traje de ejecutivo de gran calidad, seguramente un pez gordo. Iba a ser difícil enmascarar aquello. Una cosa era poder ocultar, más o menos, las muertes de aquellos que vivían en los suburbios de la ciudad, pero aquella en particular iba a traer ríos de tinta y miles de intentos para que la familia no fuera al primer periódico o cadena de televisión que se encontraran.

Observó las marcas que habían dejado la policía científica, allí dónde podía haber posibles pruebas y negó para sí manteniéndose en la postura acuclillada. El río quedaba justo delante de él y el tráfico apenas se escuchaba. Aquel lugar era prácticamente como una maldita cueva donde poder resguardarse de la vista de cualquiera. No buscaba ser descubierto mientras los dejaba allí ni tampoco que fueran encontrados demasiado pronto. Era jodidamente cuidadoso. Chasqueó la lengua por un momento mientras se quedaba por un momento allí, quieto e inmóvil, como si de esa manera pudiera concentrarse en lo que fuera que hubiera pensado el cabrón que había hecho aquello. Aisló los sonidos, alejando las voces constantes de sus compañeros, mientras que su mirada oscura se deslizaba por el lugar. Era poco más que imposible saber qué estaba pensando un psicópata, pero él tenía bastante buenas intuiciones. O al menos las había tenido hasta que había dado con él.

—Es momento de movernos, van a llevarse todo esto para analizarlo con profundidad en el laboratorio.

La voz de Shim le sacó de sus pensamientos y se incorporó sacudiéndose por un instante los pantalones. El rostro del hombre más joven seguía sin mostrar ni un solo sentimiento. Era un genio, sí, pero la capacidad empática parecía que se había quedado en un segundo o tercer puesto. Era algo que había dejado aparcado porque no parecía que importara. Tan frío como un témpano de hielo se dirigió a su lado hasta las bandas  de la policía, pasando por debajo de ellas y acercándose hasta donde habían dejado los coches. De aquella visita solo le había quedado claro una cosa: estaban jodidos. El tiempo comenzaba a jugar en su contra  porque parecía que comenzaba a acelerar los procesos.

—Te veo en el departamento.

Shim asintió y Yoochun montó en su coche para alejarse de allí. Necesitaba hacerse con una taza de café antes de llegar a su lugar de trabajo porque sabía que aquel iba a ser un día muy largo. Tenía que revisar de nuevo el perfil del posible sospechoso y, al mismo tiempo, apuntar las ideas que le habían bombardeado cuando se encontraba allí parado, con el río Han delante de él. Había algo que le inquietaba y no sabía muy bien cómo identificar. Algo que le indicaba que tenía la solución más cerca de lo que él esperaba y sin embargo no conseguía dar con la llave que pudiera ir abriendo todas las puertas que se encontraban en ese momento cerradas a cal y canto.

—Maldición.

Golpeó el volante en claro gesto de frustración cuando se incorporó al tráfico de la ciudad y se dio cuenta de que se encontraba en un atasco. No era eso en realidad lo que le molestaba de todas formas, sino que no fuera capaz de aclarar lo que estaba pasando. Siempre había pensado que tenía la capacidad para ver los patrones mucho antes que el resto de las personas que lo rodeaban, que era capaz de ponerse en la piel de los otros y “empatizar” —aunque en ocasiones lo detestara — con todos aquellos que le rodeaban. Sin embargo con ese caso en particular era imposible. Se daba una y otra vez de golpes contra un muro en el que era incapaz de encontrar siquiera la más mínima de las grietas.

Necesitaba café y un cigarrillo.

~*~*~

El sonido del motor de la moto rompió la tranquilidad de la urbanización alejada del centro de Seúl. Las casas unifamiliares se encontraban separadas las unas de las otras por altos muros que buscaban guardar la privacidad de sus habitantes. Al fondo, lo más alejado posible del resto de las casas y casi como si se fundiera con la Naturaleza que se encontraba más allá, se hallaba la casa a la que había prometido ir hacía ya unas cuantas horas. Se sintió vigilado cuando llamó al portero automático y tuvo que esperar unos minutos hasta que el característico zumbido le indicó que se encontraba abierta, pudiendo ver delante de sí una de las fincas más grandes de la zona. Se encontraba llena de árboles y pulcramente cuidada, lo que mostraba lo mucho que sus dueños se preocupaban por detalles como aquel.

Aparcó en uno de los laterales, junto a un todo terreno que tenía los bajos llenos de barro, y se quitó el casco notando cómo su respiración se convertía en vaho delante suyo cuando respiró una bocanada. La soledad y la tranquilidad del lugar le atacó entonces; un silencio que para un urbanita podría resultar incómodo, pero que sin embargo para él era el puro paraíso. Se desmontó de la moto, colocando el casco, con los guantes dentro, en el manillar y se giró para dirigirse con largas zancadas hacia la puerta principal. Distintos olores le atacaron entonces y no pudo por menos que sonreír haciendo que por un momento unos divertidos hoyuelos aparecieran en sus mejillas. Sonrisa que se amplió cuando vio una figura menuda abriendo la puerta y saliendo escaleras abajo en una rápida carrera hasta que le saltó encima, rodeando sus piernas alrededor de su cintura y dejando un reguero de besos por sus mejillas.

—¡Yunho-ah! —la exclamación rompió con la tranquilidad y de repente se encontró de lleno en el remolino de la mujer a la que sujetó para que no se cayera. —Te echaba de menos.
—Yo también a tí Min Ah. —contestó el hombre al tiempo que dejaba que la mujer se deslizara hacia el suelo, revolviéndola la larga y salvaje melena oscura. —¿Cómo es posible que estés todavía más guapa?
—Es la alimentación, por supuesto.

Y una risa divertida explotó en su garganta, porque estaba seguro de que lo decía en serio. Delante de sí se encontraba una mujer menuda de ojos oscuros y rasgados que le miraba con una sonrisa en los labios. Su rostro de niña difería por completo de su cuerpo de mujer que apenas se dejaba ver gracias al enorme jersey color azul cielo que llevaba y los pantalones vaqueros. Ella, sin perder tiempo, lo cogió de la muñeca para arrastrarlo en dirección a la puerta parloteando sin cesar sobre lo buena y sana que era la dieta ahora que tenían el pequeño jardín donde cultivaban gran parte de los alimentos que consumían. 

Yunho se dejó llevar puesto que sabía perfectamente que ella era así. La mujer que lo llevaba sujeto de la mano como si fuera un niño pequeño era una de las más importantes dentro de su raza y también de las más incomprendidas. No todo el mundo soportaba su charla incesante que muchos consideraban como inútil e innecesaria. Él mismo a veces se preguntaba por qué demonios no la mandaba callar y por qué más de una vez se encontraba sonriendo cuando no se lo hubiera permitido, jamás, a cualquiera de sus otros congéneres.

—¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo? Estaba haciendo estofado, ayer fueron a cazar y tengo carne fresca. —comentó y Yunho al olfatear el interior pudo notar ese olor característico de carne recién despiezada por debajo de los efluvios que llegaban desde la cocina. —No hagas eso, es de mala educación.
—¿El qué? —preguntó sorprendido, teniendo que bajar la mirada hacia la mujer que de repente le había soltado y se encontraba delante de él con las manos en las caderas mirándolo de forma penetrante.
—Olerlo todo como si fueras un lobo.

Yunho se agachó entonces, con las manos en los bolsillos, y deteniendo su rostro a los pocos centímetros del de ella. Las miradas se encadenaron y él se puso serio entonces. Había algo en la mirada de esa mujer que tenía delante que siempre le hacía pensar en un cielo nocturno estrellado, como si fuera posible que las estrellas inexistentes comenzaran a tintinear en cualquier momento haciéndose visibles a su interlocutor. Sacó entonces la mano del bolsillo y le dio un golpecito en la nariz con el índice.

—Min Ah... —comenzó entonces, pudiendo ver cómo el inicio de la sonrisa comenzaba a deslizarse por los labios de la mujer. —.... soy un lobo, por supuesto que voy a olfatear como tal cuando llego a un lugar, ¿qué ocurriría si de repente me encuentro con una trampa?
—¿No confías en nosotros?

El pequeño puchero hizo que Yunho volviera a alzar la mano para revolverla el pelo y dejó que una carcajada se escapara con rapidez de su garganta. Para muchos Min Ah no era más que una pequeña niña en un cuerpo de mujer, alguien que no había que tener en cuenta y que desechaban con la misma rapidez que a un pañuelo de papel usado una vez que veían que a simple vista no les servía para nada o no era una amenaza. Sin embargo, Yunho sabía que todo iba mucho más allá de lo que se mostraba a simple vista. Vivían en un mundo de sombras chinescas en el que una cosa era lo que se veía en la pared reflejado, otra muy distinta lo que en realidad era. Los que no entendían eso, estaban destinados a desaparecer. Yunho lo había aprendido cuando no era más que un cachorro y tenía cicatrices que impedían que se olvidara.

—¿Confías tú en mí?

Min Ah le miró entonces, retirando por completo esa máscara aniñada que solía llevar siempre puesta, esa forma de relacionarse con los demás que le resultaba mucho más fácil que mostrar cómo se sentía en ocasiones. No mentía, no le gustaba hacerlo, pero sabía que era mejor de aquella manera porque bastante difícil había sido llegar hasta el punto en el que se encontraba y, no solo eso, poder llegar a estar junto a alguien sin que la mirara como algún tipo de monstruo extraño. El hombre que tenía delante de ella le sacaba varias cabezas de altura y tenía el cuerpo de un guerrero, lo que era en realidad. Podía imaginárselo con una armadura y una espada de la época de Joseon sin ningún problema, aunque en esa imagen debería tener el pelo más largo de lo que tenía ahora, se dijo a sí misma. Sin embargo, a pesar de la amenaza que podría significar y que exudaba de manera habitual, Min Ah sabía algo: se trataba de una de las personas más confiables que tenía la manada en ese momento.

—Sí.

La afirmación fue rotunda y por un momento hizo que Yunho se quedara sorprendido, lo que era ya decir mucho puesto que el licántropo estaba siempre en alerta. No había habido ni una sola inflexión en la voz que le indicara que estaba mintiendo y una vez más todas las barreras descendieron en el acto perplejo con la naturalidad con la que había afirmado algo así, algo que por regla general no se decía entre su raza y mucho menos con las demás. De nuevo entendía por qué el Alfa intentaba que se mantuviera lo más protegida posible y alejada de los circuitos de la ciudad en los que pudiera resultar herida. Min Ah era especial, en muchas y diferentes vertientes. Aquella era una de ellas.

—¿Para qué la preguntas si sabes que al final no va a responder lo que tú esperas?

La voz varonil hizo que Yunho se girara para ver cómo el otro hombre se acercaba hasta donde se encontraban. El Alfa tenía el rostro serio en ese momento, podía notar también que se encontraba ligeramente molesto y que todo estaba relacionado con la conversación que habían tenido hacía unas horas por teléfono. El aire marcial de sus pasos era algo completamente visible, el aura de poder y mando que le rodeaba podía dejar sin aliento a aquellos que se encontraban por debajo de él, pero sin embargo Yunho únicamente inclinó el rostro en un gesto de reconocimiento. 

No hubo venias, ni reverencias y mucho menos mostró el cuello en señal de sumisión. Las miradas de ambos se encontraron y chisporroteó esa tensión que siempre había cuando dos lobos alfas se encontraban en la misma sala, porque ambos sabían que Yunho era capaz, si se lo propusiera, de luchar por el puesto. Aunque también sabían que no estaba interesado en política.

—Rain.
—Llegas tarde. —comentó hasta detenerse a un par de pasos, palmeando por un momento el hombro de Yunho y mirando hacia Min Ah. —Vas a tener que poner otro plato en la mesa.
—No hace falta...
—No mientas. —Rain sonrió y toda la tensión acumulada desapareció en el acto cuando le echó el brazo por los hombros para llevárselo en dirección contraria por la que llegaba el olor a comida. —Los dos sabemos que has tardado para probar lo que Min Ah tiene en la cocina y evitarte cocinar.

Ambos cruzaron una sonrisa cómplice al tiempo que observaban cómo la mujer se dirigía con rapidez hacia la cocina. Era la única forma de quitársela de enmedio para poder hablar con tranquilidad. Si había algo en lo que los dos estaban de acuerdo era en que tenían que proteger a Min Ah, aunque tuvieran ideas diferentes de cómo hacerlo: Rain prefería mantenerla en una burbuja, Yunho consideraba que tenía que saber todo lo que fuera posible para estar preparada. Ambos sabían que había algo que serpenteaba hacia ellos con no muy buenas intenciones. Algo que podría aprovecharse de la inocencia de Min Ah y del poco conocimiento que tenía de lo que en realidad sucedía en el mundo sobrenatural.

—Ven, Jung, acompáñame a la Biblioteca.

De nuevo esas dos palmadas en el hombro mientras se dirigía hacia una de las partes de la casa que más les gustaba a ambos, donde el olor a madera, al fuego de la chimenea y a cuero predominaba sobre todos los demás. No era la primera vez que tenían conversaciones en aquel lugar y por lo tanto no hizo falta que le indicara el camino. Cuando entraron Yunho se quitó la mochila que llevaba en los hombros para dejarla sobre uno de los sillones, haciendo lo mismo con la bufanda y la chupa de cuero, para después girarse hacia la chimenea donde se podía ver un fuego recientemente avivado.

—Esto es lo único que te envidio. —comentó el Rastreador mientras se agachaba observando las llamas. —Algo así no podría tenerlo en el apartamento.
—No sería demasiado cómodo. —asintió Rain acomodándose en el sillón que estaba delante de donde Yunho había dejado sus cosas, estirando las piernas y mirándole con atención. A pesar de las pocas horas que había dormido a simple vista se encontraba en perfecto estado. —¿Y bien?

No era alguien que diera rodeos, al contrario. Era directo, muchos dirían que demasiado, pero era su forma de hacer las cosas. Los subterfugios de los que muchos gustaban, era algo que no terminaba de entender, y que al final no llevaban a ningún lado. Yunho lo agradecía, aunque en ese momento había estado esperando tener un poco más de tiempo para poder organizar lo que tenía en la mente, que desde luego no era poco. Se incorporó entonces, pero no se giró de forma inmediata sino que durante unos segundos su mirada castaña se perdió entre las llamas como si de esa manera pudiera encontrar una solución, algo que poder decirle al hombre que se encontraba sentado a sus espaldas.

—¿No se han puesto en contacto contigo? —preguntó entonces Yunho, recuperando de esa manera la conversación que horas antes habían mantenido por teléfono al tiempo que se giraba para mirarlo. —No me digas que soy el único que ha tenido la oportunidad de conocer a su majestad.
—Se ve que tú tienes algo que necesitan. —Rain observó a su congénere moverse hasta dejarse caer en el sillón que tenía delante de él y echarse ligeramente hacia delante. —¿Qué vas a hacer?
—Ya te lo dije, no pienso entrar en tratos con las sanguijuelas. —el hombre apretó la mandíbula con fuerza. —Por eso necesito a Min Ah.
—¿Y qué piensas que vas a conseguir con eso?
—Ella puede ver más allá de lo que nosotros somos capaces, estoy seguro de que hay algún tipo de prueba que yo no soy capaz de notar.
—Pásame lo que tienes hasta el momento.

Yunho sacó una carpeta para pasársela a Rain y observó cómo el hombre se ponía más cómodo, poniéndose a leer todos los informes y las gráficas que había hecho en los últimos meses. Se recostó entonces en el sillón mientras que Rain revisaba lo que le había entregado. No eran demasiados datos para el tiempo que había dedicado a aquello. Las desapariciones era algo que se conocía entre los seres sobrenaturales de la ciudad. En un primer momento no lo habían tomado muy en cuenta, pero cuando aparecieron los primeros cadáveres con señales claras que indicaban que un simple humano era incapaz de hacerlo, comenzaron a movilizarse. Él había sido el encargado, como buen Rastreador que era, de intentar averiguar de qué demonios se trataba. Y hasta el momento no había descubierto absolutamente nada.

Sentía frustración, porque sabía que en cualquier momento podría volver a suceder y no era capaz de adelantarse como solía suceder. Era como si lo que fuera que se estuviera cebando con la gente de la ciudad, supiera exactamente cómo esquivarle. Y eso le cabreaba, le cabreaba mucho.

lunes, 22 de octubre de 2012

{Serial} Blue Moon - Cap. 2



Blue Moon - Capítulo II

Orgullo. El orgullo de un guerrero. Los labios de JaeJoong se curvaron en una lenta sonrisa mientras observaba al hombre que tenía delante de él. Había podido ver la batalla que se había producido en aquel lugar no hacía más de unos pocos minutos. Detestaba a esos sacos de pulgas, pero sí que sabía reconocer que eran unas malditas máquinas de matar perfectas. La mirada de ojos oscuros del vampiro se deslizó de forma apreciativa por el cuerpo del licántropo, pudiendo ver cómo las heridas se estaban curando a una velocidad asombrosa. Ni siquiera ellos, que tenían también la capacidad de regenerarse, podían compararse. La sangre azotaba sus sentidos y tenía que controlarse aunque sabía perfectamente que la gente no entendía hasta qué punto tenía que hacerlo. Era un olor que lo inundaba todo y que provocaba que sus colmillos comenzaran a mostrarse, aunque se contuvo. No era un neonato inexperto. Sonrió brevemente mientras daba otro paso más.

Le habían hablado sobre el hombre que tenía delante de sí. Y lo que había visto esa noche confirmaba cada una de las advertencias, cada uno de los susurros, cada secreto a media voz que había volcado en sus oídos la tela de araña que había formado desde hacía mucho, mucho tiempo, en torno a la ciudad de Seúl. Quería creer que no había nada que sucediera en aquel territorio que él no supiera, aunque en ocasiones sabía que había filtraciones o que directamente no podía controlar absolutamente todo. Deslizó lentamente su lengua por sus labios, notando todavía el resto del sabor acre de la cena de aquella noche. 

—Me alegra ver que los rumores son ciertos. —comentó con una pequeña sonrisa en los labios mientras clavaba sus ojos oscuros en los café de él. —Hubiera sido una verdadera decepción que no fuera así.
—¿Qué es lo que quiere de mi?

Los ojos del vampiro chispearon por un momento en un amenazante tono rojizo mientras observaba el cuerpo del licántropo. El tono, a pesar de haber utilizado un lenguaje completamente formal, tenía un rastro de burla que no se le había pasado por alto. De la misma manera que la postura ligeramente tensa le indicaba que estaba preparado para una confrontación si las cosas se ponían feas. Aunque le hubiera gustado poder llevarlo al límite para saber hasta qué punto era tan bueno como todo el mundo decía,se contuvo. JaeJoong no era estúpido, necesitaba de los servicios del hombre que tenía delante de él y no pensaba estropearlo por un impulso provocado por la testosterona. La racionalidad le diferenciaba de todos aquellos seres  inferiores con los que se obligaba a tratar para poder expandir su poder. Y había aprendido, muy bien además, que solo tenía que mostrarse amable para poder conseguir mucho más que si comenzaba exigiendo.

—Me dijeron que si quería buscar a alguien, tenía que hablar contigo en primer lugar. —respondió por fin, metiendo las manos en el interior del largo abrigo negro que llevaba y clavando sus ojos en los del hombre lobo. —Tienes una fama que te precede como el mejor Rastreador de la ciudad.
—No es una fama inmerecida. —contestó a su vez Yunho con una seguridad en sí mismo aplastante, que arrancó una pequeña sonrisa en el vampiro. —Ni siquiera un vampiro o un hechicero experimentado puede compararse con mi olfato.
—Es algo que he podido ver en acción esta noche. —la voz, casi un ronroneo del vampiro, se extendió por el callejón mientras se movía para acercarse un poco más al licántropo. Yunho parpadeó por un instante, moviendo la cabeza de forma negativa como si de esa manera pudiera alejarse de esa voz insinuante que a veces se convertía en puro hechizo. —Necesito tu ayuda para un asunto... especial.
—¿Acaso no tenéis vuestros propios Rastreadores? —preguntó con un pequeño deje de burla. —¿Cómo vais a permitir que alguien ajeno se meta en vuestros asuntos?
—En realidad, es algo que nos afecta a ambas razas.

Yunho arqueó brevemente las cejas abandonando durante un instante esa postura en la que indicaba que no le importaba nada, dejando ver una pequeña chispa de curiosidad y JaeJoong lo aprovechó. Ver las debilidades de sus contrincantes siempre había sido una de sus mejores bazas, algo que hacía de forma natural para conseguir una serie de ventajas sobre ellos. Y aquella vez no iba a ser una excepción. Estaban apenas a unos pasos el uno del otro, puesto que había roto la distancia. El olor que desprendía aquel ser le había atraído como lo hacía la miel con las abejas. 

—Habrás escuchado sobre las desapariciones que se están produciendo en las orillas del río Han las noches de Luna Llena, ¿no es cierto?
—Siempre suceden este tipo de cosas cuando está mostrando todo su rostro, es algo bastante habitual. —declaró el licántropo, cruzándose de brazos y mirando al vampiro con mucha menos atención ahora.
—Es cierto, siempre hay problemas y siempre suelen estar relacionados con la falta de fuerza de voluntad de vuestros cachorros. —atacó entonces el vampiro, continuando sin permitir que el licántropo pudiera contestar más allá de un gruñido que salió de lo más profundo de su garganta en una clara amenaza. —Sin embargo, por una vez, las pruebas se alejan de uno de los tuyos... y van en una dirección diferente.
—Si ya sabéis de qué se trata, ¿por qué me necesitáis?
—Claramente no para investigar. —el tono irónico del vampiro apareció y el hombre lobo se tensó todavía más. —Es tu capacidad para localizar lo que nos interesa. 
—Eso ya lo has dicho. —el rostro de Yunho no mostró ni una sola emoción. —Me siento muy halagado, pero no me interesa.

La tensión aumentó de forma significativa, JaeJoong notó la ironía en sus palabras y arqueó una ceja de forma interrogativa. Su cuerpo se mantuvo relajado, pero sin embargo el rostro amigable que había estado usando hasta ese momento desapareció por completo sustituido por la seriedad que el momento necesitaba. Aquel asunto no era un simple capricho, ni siquiera era algo que pudieran obviar como algo menor. En absoluto. Si no hubiera sido de esa manera no se hubiera rebajado a hablar con aquel ser que claramente no podía compararse en absolutamente nada con él. La frialdad que siempre le rodeaba pareció acrecentarse a su alrededor y con satisfacción vio el gesto de incomodidad reflejado durante unos segundos en el rostro del hombre lobo. 

—Parece que no entiendes hasta qué punto esto nos afecta a todos nosotros, aunque no sé por qué no me sorprende. —las palabras fueron dichas con tono seco, como si fuera un látigo que buscaba la carne de su contrincante. —Cuando mires más allá de tu propio hocico, sabrás dónde encontrarme. 
—Lo estás haciendo francamente mal si estás buscando mi ayuda... —respondió entonces Yunho, bajando ligeramente la cabeza mientras clavaba su mirada en la del vampiro.
—No te confundas. —apretó los labios, moviéndose hasta que ambos cuerpos se pegaron mientras le miraba directamente a los ojos a pesar de la diferencia de alturas. —Te estoy pidiendo amablemente algo que antes o después vas a tener que hacer, te guste o no.

Silencio, silencio únicamente roto por el sonido amortiguado del tráfico más allá del callejón donde se encontraban. Ninguno de los dos estaba dispuesto a romper el contacto visual porque significaría darse por vencido en aquella batalla silenciosa. Rendirse ante un enemigo endémico, que llevaba como tal desde hacía demasiado tiempo porque en realidad eran dos naturalezas distintas: el uno era la vida en su más puro estado, el otro era la muerte y no se molestaba en ocultarlo. Los ojos oscuros del vampiro se deslizaron por un momento, bajando hasta esos labios que se encontraban apretados, notando cómo los músculos de la mandíbula se tensaban al apretar el licántropo los dientes, antes de subir de nuevo su mirada a los ojos rasgados del otro. Lentamente una media sonrisa apareció en sus labios.

—Investiga si quieres, habla con tu Alfa, infórmate de lo que está pasando... —ladeó entonces el rostro y alzó la mano para colocar el cuello de la cazadora de Yunho, esbozando una pequeña sonrisa de nuevo al ver cómo el licántropo no se movía, rozando apenas un segundo con sus nudillos la cálida piel del hombre por encima del cuello de la camiseta negra que llevaba y sintiendo casi como si lo quemara. —Hazlo y cuando veas que solo has estado retrasando lo inevitable, ven a hablar conmigo.

No dejó que el hombre lobo contestara sino que se giró dándole la espalda. Sabía que aquello podría significar estar en desventaja si al otro ser le daba por atacarlo, pero confiaba lo suficiente en sus capacidades sobrenaturales como para permitirse ese lujo. Aquella noche, a pesar de lo que pudiera parecer, no había sido desaprovechada del todo. Había conseguido un primer acercamiento a esa pieza del gran rompecabezas que era la Seúl nocturna. Lo que estaba seguro era de que jamás se olvidaría de aquel encuentro porque por mucho que el licántropo lo pudiera negar, jamás había conocido a un ser como él. JaeJoong lo sabía y Yunho también aunque no estaban concenciados de lo que ese encuentro iba a significar no solo para la historia de la ciudad sino también para la suya propia. 

Yunho observó entonces cómo el vampiro salía como si nada del callejón y entonces se giró para observar el cuerpo de su hermano, aquel que había caído sin vida. Apretó los labios brevemente comenzando con una de las cosas que más le desagradaban de ese trabajo: tener que limpiar todo y no dejar evidencias de lo que había sucedido allí.

~*~*~

Yunho llegó a su apartamento cuando el sol comenzaba a alzarse por encima de los altos edificios y tiró la cazadora de cuero sobre el sofá tras haberse descalzado en la pequeña entrada. Sin preocuparse en calzarse de nuevo, se adentró por la habitación dejando escapar un ligero suspiro que reflejaba todo el cansacio que tenía encima. Se sentía sucio y sabía perfectamente que apestaba, tanto al olor de la ciudad como al de la muerte. Es más, en ese momento si se olfateaba podría notar el pestazo. La noche había sido de lo más extraña, una noche muy diferente de lo que hubiera imaginado en un primer momento. A pesar de que la “cacería” había sido todo un éxito, todavía revoloteaban por su cabeza las palabras que le había dicho el vampiro y eso le molestaba, le jodía y le cabreaba. Sabía que tenía que hablar con el Alfa para poder saber hasta qué punto lo que le había dicho era verdad o una de las muchas mentiras que poblaban el mundo vampírico. Aquellas criaturas eran sibilinas y siempre estaban manipulando, un juego en el que no estaba dispuesto a entrar.

Se acercó hasta el frigorífico para abrirlo y sacar una botella de zumo, dando un largo trago mientras en su mente volvían a repetirse como si se tratara de una película las imágenes de aquella noche. Había escuchado hablar sobre las desapariciones que se daban a lo largo de las riberas del río Han, pero lo había achacado a algún cachorro que no terminaba de controlarse. Seúl era una ciudad lo suficientemente grande como para que en ocasiones sucedieran ese tipo de situaciones: seres sobrenaturales desconocidos que se cobraban el precio de su condición en sangre. Por regla general las diferentes razas se hacían cargo de la situación y o bien acababan con el ser problemático, como había hecho él esa misma noche, o lo asimilaban en su organización.

Durante el tiempo que llevaba en la ciudad, había sido así, sin embargo el presentimiento que había tenido cuando aquel vampiro se había presentado delante de él, le indicaba demasiado claramente que las cosas no iban a ser tan fáciles como lo habían sido hasta ese momento. Min Ah había dicho que se aproximaban aires de cambio, nubarrones que seguramente terminarían en Tormenta, y tenía la suficiente confianza en ella como para saber que no hablaba porque sí. Sacó el teléfono del bolsillo delantero de su vaquero y jugueteó con este por un instante entre sus dedos, antes de decidir que era mejor darse una ducha rápida.

Apenas media hora más tarde salió de la ducha con una toalla en las caderas y el teléfono en la diestra marcando con rapidez un número de teléfono que se sabía de memoria y que no había hecho falta que grabara en el teléfono. Uno, dos, tres toques y una voz adormilada contestó al otro lado provocando una media sonrisa al escucharlo. 

—¿Estabas dormido?
—Joder... —los ruidos que llegaron a través del teléfono le indicaron a Yunho que se estaba levantando seguramente para salir de la habitación en la que se encontraba. —Pero qué cojones... —el licántropo se acercó hasta donde había dejado olvidada la botella de zumo para darle un nuevo trago. —Jung... ¿qué hora es?
—Lo suficientemente tarde como para que levantes el puto culo de la cama y te pongas en movimiento.
—Un día de estos te despellejaré por hablarme así. —un segundo de silencio y el sonido del agua corriendo fueron el suficiente indicativo para saber que seguramente se estaría lavando la cara. —¿Por qué demonios llamas a estas horas?
—Fuiste tú el que me dijo específicamente que te llamara cuando hubiera terminado el trabajo.
—Sí, pero no a las seis de la mañana, joder. —se pudo escuchar un gruñido con toda claridad y los labios de Yunho se curvaron de nuevo. —Borra esa puta sonrisa y dime cómo ha ido todo.
—Bastante bien, a media noche más o menos lo tenía ya terminado, pero eso no es lo que en realidad quería comentarte.
—Hubiera sido mucho mejor esa hora... —refunfuñó el hombre que hablaba en la otra parte de la línea. —¿Limpiaste todo? No me gustaría tener a los ineptos de la pasma detrás de nuestro culo.
—No queda ni rastro, pero sin embargo tuve un espectador inesperado. —respondió el licántropo mientras se apoyaba contra la barra americana que separaba la cocina del salón. El silencio le indicó que esperaba que continuara. —Kim JaeJoong, ¿te suena?
—¿La sanguijuela? ¿qué es lo que quería?
—”Contratar” mis servicios, por lo que parece. —apretó los labios al recordar el encuentro y sin darse cuenta de lo que estaba haciendo se frotó el punto exacto donde los nudillos del vampiro habían rozado su piel. —Está relacionado con los casos de desapariciones en la orilla del Han.
—¿Lo que suponíamos que eran provocados por uno de los nuestros?
—Esos mismos. Ya sabes que llevo unos meses rastreando por las inmediaciones de las desapariciones y no encontraba absolutamente nada. —de forma inquieta comenzó a moverse por el salón, sin poder mantenerse quieto, como si de repente la adrenalina hubiera activado a la vez toda la capacidad de acción del hombre lobo. —Según Kim se trata de algo que va más allá de los nuestros y de los suyos, pero no me ha especificado qué es, solo que necesita de mi olfato.
—¿Qué le dijiste?
—Joder, ¿qué piensas que le dije? —masculló Yunho mientras se detenía junto al ventanal mirando cómo el cielo comenzaba a clarear cada vez más. —Que se metiera sus putas intrigas por el culo y que me dejara tranquilo, que no estaba dispuesto a meterme en sus mierdas.
—Y conociéndote se lo habrás dicho así, tal cual, sin tacto ni diplomacia. —el toque de desesperación de la voz del Alfa desapareció cuando volvió a hablar. —No me gusta estar con los pantalones bajados y sin saber por dónde nos vienen los golpes, necesitamos saber YA qué demonios está sucediendo.
—Déjame llevarme a Min Ah conmigo la próxima vez.
—No.
—¿Por qué no? Tú mismo dices que necesitas saber qué está pasando y ella tiene una capacidad que ninguno de nosotros tenemos.

Yunho sabía perfectamente que aquella posibilidad no le gustaba en absoluto, pero si querían entender qué era lo que el vampiro había querido decir, necesitaban movilizarse lo antes posible con todos los activos disponibles. Shin Min Ah lo era, por mucho que al Alfa no le gustara admitirlo. Lo dejó que pensara con tranquilidad mientras observaba cómo por fin el sol salía y las sombras comenzaban a desaparecer, algo que le gustaba, más desde el encuentro de hacía apenas unas horas. Ni siquiera un bastardo de la capacidad de Kim JaeJoong podía enfrentarse a los rayos destructores del Astro Rey. 

—Trae todo lo que tengas en cinco horas.
—Puedo ir ahora mismo.
—Necesito que tengas el cerebro a pleno rendimiento así que vete a dormir y no hagas ninguna gilipollez.

La llamada se cortó y Yunho dejó escapar un ligero suspiro. Había intentado llegar a algún tipo de conclusión, pero todos los caminos daban miles de recovecos que no llevaban a ningún lado. Se frotó el rostro durante un instante antes de poner el teléfono en silencio. No querría por nada del mundo que lo despertaran antes de esas horas que le habían dado para recuperarse. No es que necesitara dormir demasiado, pero estaba agotado y la energía que había utilizado aquella noche tenía que ser recuperada durmiendo. Sin preocuparse en quitarse la toalla humedecida, se dejó caer en la cama del dormitorio y cerró los ojos. Apenas unos segundos más tarde Morfeo lo recibía en sus brazos y el mundo dejó de existir para él.

lunes, 15 de octubre de 2012

{Serie} Blue Moon - Cap. 1



Blue Moon - Capítulo I

—Maldita sea.

La maldición se escuchó con demasiada claridad en mitad de aquel callejón apenas iluminado. El hombre se incorporó en toda su estatura de su posición semi acuclillado y miró a su alrededor como si estuviera buscando algo. Los ojos brillaron por un momento en un color dorado acostumbrándose a la falta de luz. Aquel era uno de los peores lugares en los que podía encontrarse en Seúl y lo sabía. El olor a suciedad lo llenaba todo, pegándose a su piel, a su pelo y a sus ropas como si fuera una capa de la que estaba deseando desprenderse. Esa era una de las razones por las que prefería vivir mil veces fuera de la urbe o en algún lugar donde la contaminación no llegara a los extremos de aquel lugar. Apretó con fuerza la mandíbula al tiempo que comenzaba a dirigirse hacia la salida del callejón con largas zancadas.

Su olfato le indicaba que no estaba allí. Un gruñido de pura frustración se desprendió de lo más profundo de la garganta apretando por un momento el puño derecho. ¿Cuánto tiempo llevaba siguiéndolo? Lo suficiente como para perder gran parte de la noche. Se sentía inquieto, demasiado, mucho más de lo que era habitual en él que estaba acostumbrado a mantenerse en calma en cualquier situación. Aquello tenía que cambiar y lo sabía, tenía que tranquilizarse antes de que todo se le fuera de las manos. De forma instintiva alzó el rostro hacia el cielo donde la Luna brillaba de forma amenazante en todo su esplendor. Jamás había entendido a aquellos que adoraban a ese astro que podía ser tan atemorizante, o más, que una pistola apuntándolo. La respetaba, pero no se hincaba de rodillas para ofrecerle su vida como había visto hacer a algunos de sus congéneres. 

Selene, como la llamaban algunos de sus hermanos europeos, era una zorra que podía llevarse lo mejor de un hombre en una sola noche. Podía cambiarlos hasta destrozar por completo sus códigos de conducta y desnudarlos mostrando la bestia que habitaba en su interior. Aquellos cachorros que no tenían la fuerza suficiente estaban por completo indefensos delante de su poder y de su atracción, que ejercía sobre todos y cada uno de ellos de forma implacable. Algunos habían aprendido a superarlo, a ser más fuertes que sus insinuaciones y habían conseguido vivir sus vidas lejos de su influencia. Sin embargo, todos y cada uno de ellos alzaba el rostro para verla por las noches al menos una vez, como si el susurro de la amante perdida volviera a acariciar sus oídos provocando un escalofrío que no podían contrarrestar y que muchos anhelaban sentir recorriendo cada palmo de su piel.

Sus pasos le sacaron del callejón comenzando a bajar con rapidez por una de las tantas escaleras que se encontraban en aquella zona de Seúl. Era un barrio lo suficiente tranquilo como para no cruzarse con nadie, por el momento. Al menos en ese lugar parecía que los humanos eran todavía lo suficiente inteligentes como para estar encerrados en su casa manteniéndose a salvo de lo que estaba sucediendo en el resto de la ciudad. Su fino oído podía escuchar con claridad cómo coches de la policía y ambulancias recorrían la urbe un poco más abajo. Seguramente algún tiroteo entre bandas, un encuentro desafortunado que no tenía nada que ver con la vida sobrenatural de la ciudad. O, al menos, eso esperaba.

Lo olió antes de verlo. Allí estaba de nuevo, un poco más adelante en otro de los tantos callejones que marcaban aquella zona en especial de la capital coreana. Maldijo brevemente. Se movía con rapidez y tenía que hacer lo mismo si no quería volver a perderlo. La sangre comenzó a bombear con fuerza, acelerando su corazón y dándole la rapidez que necesitaba. La figura del hombre fue apenas un borrón en apenas unos segundos mientras corría con la velocidad que solo los de su raza podían llegar a alcanzar. Saltó por encima del capó de un coche aparcado y se adentró sin pensar en las consecuencias en un callejón que se encontraba incluso peor iluminado que  aquel del que había salido apenas unos minutos atrás.

Sintió cómo la oscuridad le engullía y cómo sus ojos cambiaban de forma automática para adaptarse a la misma, tomando por un instante un brillo dorado como lo habían hecho antes. Aquello provocaba un ligero dolor en el fondo de su cabeza pero no le importaba. No, ese no era el momento de pensar en aquello, sino en aquella otra figura que se encontraba unos metros más allá. Sabía quién era, lo conocía, había visto cómo crecía. Era una especie de hermano pequeño y, sin embargo, aquella noche sabía que tenía que cazarlo. Pudo ver el reconocimiento en aquella mirada oscurecida, en aquellos labios que se curvaron en una media sonrisa.

—Oh... pero si han enviado el perro a cazarme. —la voz burlona provocó que el hombre se tensara mientras observaba al otro hombre más joven, deteniéndose en cada uno de los movimientos.
—Tú mismo has provocado esto, Hwan, en el mismo momento que rompiste todas las reglas.
—Y tú siempre las sigues, ¿verdad Jung? —el tono sedoso de su voz provocó que sus ojos se entrecerraran un poco más. —Siempre serás el perro de caza que impide que las manos del Alfa se ensucien. Siempre harás todo lo posible por evitar que su señoría sea el que tenga que ejecutar sus sentencias.

Ese tono burlón provocó un nuevo gruñido en el hombre que se encontraba cada vez más alterado. A pesar de lo que pudieran decir muchas leyendas, el ser que tenía delante era capaz perfectamente de razonar, al menos en ese momento completamente saciado. El frenesí ya había pasado por completo y solo quedaba la satisfacción que esto provocaba, el pequeño letargo que hacía que todo fuera mucho mejor, como el que se metía un chute de alguna droga dura. Sin embargo, no significaba que no fuera peligroso ni mucho menos. En ese momento sabía que era mucho más fuerte que él, que tenía una energía desmedida y que podía hacer que todo se tambaleara a su paso, incluso su propia voluntad, si se enfrentaba a él.

—Tiene otros asuntos mucho más importantes que atender que dedicarse a poner un correctivo a cachorros imprudentes.

El gruñido que aquel comentario provocó en el otro hizo que Yunho esbozara una lenta sonrisa mientras se preparaba para lo que iba a pasar a continuación. Era uno de los mejores en lo suyo, era la mano derecha del Alfa. Un lobo solitario que se alejaba de la manada únicamente para volver a acercarse a ella en momentos como aquel, en el que sus servicios eran requeridos. Se trataba de uno de los mejores rastreadores que tenían y todo el mundo sabía que si Jung te estaba siguiendo el rastro estabas perdido. 

Hwan no era estúpido, había aprendido junto al mayor muchas de las cosas que sabía puesto que él mismo iba a formar parte de ese grupo exclusivo que velaba por que las reglas no fueran rotas y si sucedía, entonces tomar represalias. Al menos lo había sido en una vida que le parecía cada vez más lejana. Los ojos completamente negros, en los que no había ni rastro de blanco, observaron con atención al hombre que tenía delante. Se sentía fuerte, poderoso, saciado. Un gruñido gutural salió de nuevo de su garganta mientras notaba cómo el cambio seguía su proceso, cómo su cuerpo aumentaba de tamaño, cómo su cuerpo crecía en musculatura hasta el punto de que la ropa se rasgó por completo. 

—Ya comenzaba a aburrirme.

Las palabras burlonas del rastreador hicieron que el cachorro soltara un gruñido más fuerte y que sin pensar en las consecuencias se lanzara hacia delante dispuesto a destrozarle en su camino. Jung se movió entonces hacia un lado esquivándolo con la habilidad que había adquirido con el paso de lo años y de enfrentamientos similares a aquel. Tenía cicatrices en el alma que mostraban aquello, aunque no todo el mundo pudiera llegar a verlas o reconocerlas. La primera patada, directa hacia la rodilla de su adversario, no llegó a golpear por apenas unos milímetros y tuvo que agacharse hasta rodar por el suelo, incorporándose unos metros más allá, para evitar que las garras del ser le arrancaran la cabeza.

Sonrió. Una sonrisa que no implicaba nada bueno sabiendo que era su turno. Pronto el lugar se inundó de gruñidos y quejidos, de golpes que destrozaban carne y llegaban hasta el hueso, de zarpazos que destrozaban ropa y hacían manar la sangre en borbotones, como si de una fuente se trata. Un gemido de puro dolor se escapó de los labios del rastreador cuando las garras del otro desgarraron su espalda con violencia, arrancando en el camino ropa y carne. La carcajada sobrenatural que acompañó a este gesto le indicó que la poca cordura que el cachorro hubiera podido mantener después del banquete que se había dado aquella noche de sangre y carne humana, había desaparecido por completo.

Ya no era Hwan, el hermano pequeño que él conocía, ahora era una aberración que tenía que desaparecer de la faz de la tierra. Había sido tocado por la mano del Corruptor y por esa razón tenía que hacer todo lo posible por llevarlo al ciclo natural una vez más. Su propio cuerpo comenzó a crecer, notando cómo los huesos se rompían y alargaban, cómo el cuerpo comenzaba a convertirse en una de las peores pesadillas que los humanos imaginaban cuando en el pasado se reunían alrededor del fuego para contar las leyendas que los atemorizaban, susurradas a media voz. El vello negro, como la noche, comenzó a cubrir todo su cuerpo y pronto, donde hacía unos instantes había un hombre, se encontraba una criatura que se alzaba casi hasta los tres metros, con cabeza de lobo y un aspecto humanoide que hizo que el otro ser se encogiera por un segundo de temor reconociendo la supremacía del ser que tenía delante de él antes de comenzar un cambio muy similar al que acababa de suceder.

Blanco contra negro, luz contra oscuridad, se encontraron cara a cara. Sin embargo, las apariencias engañaban. Desgarros y huesos fracturados, sangre que empapaba un suelo tan sucio que seguramente nadie se daría cuenta de lo que había sucedido en ese lugar al día siguiente. Nadie tendría el coraje de adentrarse en ese lugar. Si había alguien despierto en ese lugar a esas horas, seguramente habría cerrado con firmeza las ventanas, bajado las persianas y procurado ignorar los aterrorizantes sonidos que se escuchaban provenientes de ese lugar.

El lobo negro hundió con firmeza sus garras en el vientre del otro, desgarrando piel, músculo y carne, tirando hasta provocar una herida mortal. El otro cuerpo comenzó su transformación inversa después de que el pelaje blanco comenzara a empaparse de su  propia sangre durante unos segundos, al menos antes de que volviera a ser un simple humano delante de un monstruo lleno de sangre y heridas. Las manos del caído aferraban su vientre, manos llenas de sangre y una mirada que se alzó confundida hacia arriba, hacia ese otro hombre que se encontraba delante de él donde hacía unos instantes se encontraba una bestia de pesadilla.

—No...
—Sabías lo que sucedería si rompías las normas, cachorro.
—Ten piedad, no volverá a suceder. —susurró con voz entrecortada mirando al menor, una mirada que recordaba a la persona que había sido antes de aquella noche.

Jung Yunho se acuclilló para ponerse delante de él. Sabía demasiado bien lo que tenía que hacer, lo más rápido posible, antes de que las heridas comenzaran a sanarse como estaba pasando con las suyas. Sabía que tenía que acabar con aquello, evitarle a él el sufrimiento de ver cómo la vida se escapaba de entre sus manos al mismo tiempo que su naturaleza buscaba salvarlo. Sin embargo, en aquella mirada podía ver al hermano que había visto crecer, al cachorro que había enseñado y que había estado a punto de convertirse en una de sus manos derechas. Por esa razón intentaba no acercarse a los demás, porque en el momento en el que tenía que convertirse en el rastreador no podía dejar que los sentimientos y emociones se mezclaran con aquello que tenía que hacer.

—Lo volverías a hacer, cada una de las noches de Luna Llena, Hwan, y lo sabes. —el miedo que había en la mirada del otro hizo que le mirara con algo que parecía pena mientras se volvía a incorporar una vez más. —Y no podemos permitir que suceda algo así.

Extendió el brazo derecho entonces, alzando la manga de la camiseta negra que llevaba puesta y que había vuelto a aparecer en su sitio después de la transformación. Era uno de los tantos fetiches que llevaba anclado a su cuerpo y que los chamanes habían conseguido que fuera así. Allí, en el antebrazo de su brazo izquierdo el tatuaje en forma de daga con símbolos antiguos pareció brillar por un momento cuando el hombre deslizó sus dedos por encima de este. El tatuaje desapareció entonces de la piel del rastreador mientras miraba al otro que se encontraba de rodillas delante de él, esperando la sentencia y al mismo tiempo suplicando por su vida. Una súplica que él no había atendido cuando destrozó y devoró los cuerpos de aquella familia dos días antes, cuando el poder de la Luna Azul había descendido como una maldición sobre él, cuando se había dejado llevar por el Corruptor y había caído en la espiral de muerte y destrucción que los había llevado hasta ese momento. Ambos sabían lo que iba a suceder a continuación cuando el filo acerado brilló alzándose en la noche y descendió en un arco que provocó que cabeza y cuerpo se escindieran, rodando la primera unos metros más allá, en un corte limpio que hablaba de fuerza, pero también de demasiadas ocasiones en las que había tenido que hacer algo similar.

—Que Ella tenga a bien acogerte en su seno. —susurró el rastreador, limpiando en la ropa del otro la sangre que se había pegado al filo.

Pasó entonces por encima del cuerpo del caído al tiempo que dejaba que la espada utilizada volviera a formar parte de su propia piel, notando cómo ardía la zona cuando tomaba forma de nuevo el tatuaje. Apretó los dientes con fuerza. El lugar se encontraba invadido con el olor a la sangre y a la muerte. Un olor penetrante que impedía que cualquier otro pudiera llegar hasta su afilado olfato. Hasta el punto de que cuando escuchó los aplausos llegando desde la entrada del callejón tuvo que contener un pequeño sobresalto que, sin embargo, no pasó inadvertido para el hombre que se adentró solo unos pasos.

La tensión aumentó, una muy diferente a la que había estado presente durante todo el altercado anterior. Una tensión que hablaba de siglos de disputas y enfrentamientos. No era de extrañar que no hubiera olido nada que le pusiera en alerta de que estaba cerca puesto que el ser que tenía delante conjugaba sangre y muerte en sí mismo. La belleza de los hijos de la noche tenía en aquel ejemplar que tenía delante su máximo exponente y estaba claro que el otro lo sabía. Su rostro pálido, sus labios demasiado rojos que indicaban que se acababa de alimentar, ese cuerpo delgado cubierto por ropa negra que incluso para él mostraba que era de excelente calidad. Y después estaban sus movimientos, cada uno de ellos gritaba tan alto, que hasta un sordo podía escucharlo, una sola palabra: sensualidad.

—Ha sido un espectáculo de lo más divertido. —la voz azotó los sensibles sentidos del rastreador que se detuvo con el cadáver a su espalda.
—Me alegra ver que hemos conseguido divertirte. 

La risa cantarina del ser de la noche hizo que miles de escalofríos diferentes se deslizaran por el cuerpo, demasiado sensible todavía por la transformación, del licántropo. Una risa que hizo que su estómago se encogiera de puro rechazo por motivos de raza. Vampiros y hombres lobos se habían odiado desde el inicio del tiempo, mucho antes de que incluso los hombres supieran qué era qué, quién era quién. Antes de que todas las leyendas sobre ellos llegaran a enturbiar y mancillar sus nombres, quedando unos como los seductores por excelencia, los otros como poco más que máquinas de matar sin sentimientos que únicamente buscaban hundir sus fauces en la carne humana las noches de Luna Llena.

Cuando la risa se apagó, un pesado silencio se extendió entre ambos que se miraban observándose en silencio. Una tensión tan profunda que parecía que podía ser cortada por un cuchillo bien afilado, el mismo que Yunho lamentaba que no estuviera todavía en su mano para clavarlo en el corazón del otro ser que esbozó una lenta sonrisa que no le trajo buenas sensaciones, como si hubiera sido capaz de saber qué era lo que le pasaba por la cabeza y le hiciera gracia. Aunque no se hubiera movido, el licántropo era demasiado consciente del lugar exacto en el que se encontraba y que bloqueaba su salida de aquel lugar. El cazador se había convertido en la presa y estaba seguro de algo: no se trataba de un vampiro joven, si lo fuera no hubiera sido tan estúpido como para quedarse sabiendo que había dos hombres lobo tan cerca. Su sentido de la supervivencia lo hubiera llevado en dirección contraria.

¿Quién era? Esa duda le carcomía por dentro porque su instinto le indicaba que tenía que conocerlo, que debería saber de quién se trataba. Frunció el ceño mientras que todo su cuerpo se volvió a tensar en el mismo instante en el que el otro ser se adentró en el interior del callejón con movimientos lentos y comedidos, cargados de una fuerza contenida que para alguien como Yunho, acostumbrado a analizar a sus contrincantes, estaba ahí a simple vista. Sin embargo, estaba seguro, de que la mayoría de las personas y de los otros seres sobrenaturales únicamente verían la fragilidad aparente de ese cuerpo esbelto y atlético. 

—¿Vas a dejarlo simplemente ahí?
—¿Acaso te molesta? —preguntó el hombre lobo, bajando la mirada hacia el cuerpo decapitado del que hasta hacía apenas tres días era su hermano de manada.
—Tsk y después nosotros somos los que no tenemos corazón ni sentimientos. —comentó burlón el vampiro deteniéndose a apenas un par de metros de donde se encontraba Yunho, clavando sus ojos negros como la noche en el otro hombre. —Sabes quién soy, ¿verdad?

Esa pregunta hizo que todas las alarmas estallaran al mismo tiempo. Alarmas de peligro que incluso para un  guerrero como era él hacían que se pusiera todavía más tenso. Esa última pregunta, esas palabras dichas con mucha más seriedad que el resto de la conversación, le indicaron de quién se trataba. No estaba delante de un vampiro cualquiera, ni siquiera delante de un anciano cualquiera. No. Su mirada se mantuvo en la del otro ser que esbozó de nuevo esa sonrisa lenta que estaba seguro de que no indicaba nada bueno. Al menos nada bueno para él.

—¿No respondes? —preguntó entonces, una vez más, chasqueando la lengua en un gesto de desagrado. —Y yo que pensaba que me encontraba delante de un guerrero inteligente, al menos esos son los rumores que me llegan de tí, Jung Yunho.
—Sé quién eres.

De nuevo ese duelo de miradas, de voluntades, de forma silenciosa. El vampiro callado esperando con expectativa lo que él pudiera llegar a decir. El hombre lobo buscando las palabras adecuadas porque ahora sabía delante de quién estaba y que a pesar de todo, a pesar de todo el odio acumulado, a pesar de toda la rabia que sentía burbujeando en el interior de su cuerpo, tenía que andar con cuidado porque no se trataba de un vampiro cualquiera. Es más, en esos momentos se encontraba delante de uno de los seres más poderosos de la ciudad. Un ser al que debería mostrar respeto por ser quién era y lo que representaba. 

Sin embargo, Yunho no había llegado a la posición que tenía por haberse hincado de rodillas ante nadie, ni siquiera ante aquella a la que sus hermanos adoraban y muchas veces era considerada como una diosa. Ni siquiera los suyos habían conseguido doblegar su voluntad, muchas veces a base de latigazos y de ordalías de todo tipo que intentaban controlar un carácter demasiado impulsivo, demasiado solitario para el bien de la manada y de él mismo. Los lobos solitarios no sobrevivían de forma habitual. Los lobos solitarios eran encarcelados o dado caza porque rompían con todo lo que implicaba la sociedad en la que habían nacido. Los lobos solitarios eran una amenaza que había que erradicar y sin embargo Jung Yunho había conseguido ocupar un puesto de importancia dentro de la cultura de los licántropos cuando él mismo se aislaba de sus hermanos.

—Sé quién eres. —volvió a repetir entonces, mientras lo miraba con una calma que en realidad no sentía. En vez de inclinar el rostro como debería haber sido lo apropiado, el orgulloso hombre lobo se alzó en toda su estatura que superaba por unos centímetros la del vampiro. —Eres Kim JaeJoong. —los ojos del aludido brillaron entonces rojizos durante un instante al escuchar su nombre de labios del licántropo. —Dueño del “Blue Moon” y uno de los vampiros más ancianos de la ciudad de Seúl.

 

Hilos Tejidos